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miércoles, 3 de octubre de 2012

Diario de mi viaje a Vietnam y Camboya. Día 5

Día 5: La Bahía de Halong

Amaneció sin lluvia, estaba emocionada porque una de las cosas por las que me había decidido a hacer este viaje era este día, la Bahía de Halong!

Nos vinieron a buscar y empezamos el viaje en autobús...tardamos bastante en llegar...dichosas limitaciones de velocidad a 80 Km/h. Y empezó a llover...

Nuestro barco se suponía que era de lujo...digo se suponía porque de lujo no tenía nada, en cuanto lo vimos supimos que no tenía nada que ver con lo que habíamos visto en Internet. En concreto era el Halomg Bai Tho Junk. Ahora todos los barcos son blancos, una lástima porque físicamente se nota mucho más cómo pasa el tiempo en ellos.
Estaba descascarillado...miedo me daban las habitaciones...y en efecto...nos asignaron la habitación que estaba al lado de los motores...dijimos que nos la cambiasen, pero me convencieron diciendo que los motores por la noche estaban apagados.



La gota que colmó el vaso fué que intenté usar el baño y estaba roto...por eso ya si que no pasaba, lo volví a decir y nos asignaron la habitación que estaba en la planta de arriba...como señores estuvimos, era la más grande con diferencia, el baño muchisimo más grande que el otro, lo único que no me gustó era que había oido comentarios sobre el karaoke de por la noche, que al estar al lado la habitación no nos iban a dejar dormir.

Y seguía lloviendo, y lloviendo...nos llevaron a una cueva preciosa, me encantó, grandísima, con demasiadas similitudes de piedras con formas que ellos interpretaban como dragones, caras, corazones...después nos dijo que de vez en cuando se alquilaba la cueva y que hacían fiestas...de ahí dedujimos que con 2 copas de más, cualquier roca se parece a algo...



Luego nos llevaron a la playa...lleniiiiiiiiiiisima de gente...y empezó a diluviar...menudo día de playa...eso sí, había multitud de chinos que les daba igual que diluviase...total, ya estaban mojados...así que nada, probamos el agua a ver cómo estaba, que era como un caldo, y a refugiarnos.

Menos mal que conocíamos a todos los del barco, así que ni karaoke ni nada, estuvimos de charleta todos juntos.

Por la noche dejó de llover y nos subimos a la cubierta del barco, nos tumbamos en las tumbonas y seguimos hablando y hablando, qué bien se estaba!

Llegó la hora de irse a dormir...a ver si al día siguiente teníamos suerte y podíamos disfrutar del paisaje sin lluvia.

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